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Un nuevo frente para defender al avalista de un crédito empresarial

Una de las prácticas bancarias más habituales ha sido garantizar los créditos a las empresas con todos los medios al alcance de los deudores, empezando por hipotecas o prendas sobre bienes de la propia empresa y refuerzo mediante avales de los administradores o socios e las mismas. El paroxismo se ha llevado a exigir el aval de terceras personas relacionadas con las anteriores, como familiares o amigos. Ante la crisis empresarial estos últimos quedaban como los únicos garantes solventes y frente a ellos se dirigían las reclamaciones de los bancos. Algo ha cambiado.

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Un avalista no es un deudor solidario

Una de las prácticas históricas de nuestras entidades financieras cuando prestan dinero para la compra de viviendas ha sido garantizarse el cobro mediante la inclusión en el contrato de las máximas garantías disponibles, no bastando la garantía de la propia vivienda y la responsabilidad universal de quien recibe el préstamo, si no también exigiendo la firma de avales por personas, solventes o no, próximas al deudor.

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